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El presagio de Agatha

  • Andrea D. Flores
  • 20 mar 2018
  • 4 Min. de lectura

Una persona, dos personalidades y un sentimiento. Su mente es una mezcla del mundo real y surreal lleno de fantasías, colorido y alegre, pero a la vez es blanco y negro, oscuro y frío. En estos momentos su vista se dirige hacia la ventana. La noche es completamente fría, los arboles bailan al compás del viento seguido de un estruendoso trueno para así dar a continuación a una torrencial lluvia.


La melodía de la canción sin duda va acorde con el estado emocional de Agatha. Su mente divaga y no haya como calmar su desesperación. Aquel vacío que sentía era peor que el tener la sensación de caer antes de despertar de un horrible sueño. Su mirada poco a poco va quedando ida mirando hacia un punto fijo sin mirar como tal, sólo imagina, piensa, se hace preguntas y responde para sí misma. ¿Qué paso con ella? ¿Por qué simplemente no deja aquello que la hace fantasear tanto? ¡Ah! Claro… no puede porque sabe que esta vez no es fantasía sino la cruda realidad. Su mente podrá ser un desastre a veces pero tiene el control de ello o eso creía.


Cada gota de lluvia que se asomaba al vidrio de la ventana era cada deseo de anhelar algo, algo que para ella lo veía como "imposible", aun así mantenía sus esperanzas en alto, no es de las que se rinde tan fácilmente pero hay momentos también en los que da por hecho no seguir.


Al cabo de unas tres horas la lluvia aún no cesaba, las calles estaban inundadas y el perro de la vecina no paraba de ladrar, realmente era muy extraño, jamás ha ladrado en todos los años que lleva Agatha viviendo allí. Decidió restarle importancia y fue a su mesita de noche para buscar un bolígrafo y ponerse a escribir. Tiene una manera muy particular de hacerlo, no es como los demás que sólo escriben poemas, componer alguna letra de una canción o hacer cartas de amor, ese no era su estilo, ella escribía presagios. Aquello que sentía que podría suceder o que estaba viviendo alguna persona en específico o que simplemente podía sentir los sentimientos de alguien, lo escribía. Por ejemplo, hace poco leyó sin el consentimiento de Eduardo los sentimientos hacia su mejor amiga se podrán imaginar su cara cuando lo hizo, estaba algo molesta porque ese chico era muy tonto y no se animaba a decirle nada a Meredith.


A continuación esto fue lo que escribió: “Soy yo, el que llora internamente porque mi alma suplica tenerte, no puedo seguir así sino te perderé y jamás podre lograr hacerte convencer que en realidad tu eres a la que yo quiero en mi vida”. Interesante mensaje, debo admitir que si estuviese pasando en la vida real no dudaría en abofetear a esa persona para que se anime a dar ese gran paso que debe dar. Ahora. ¿Cuándo fue que ella pudo darse cuenta que, lo que sentía de las personas podía escribirlo y asegurarse que era exactamente lo que sucedía? Fácil. Confirmó preguntándole a alguien si lo que escribió era cierto o no.


Mientras Agatha arrimaba su silla hacia atrás para poder sentarse y agarrar una postura adecuada para escribir, un estrepitoso trueno la hace caer al suelo haciendo que su corazón se acelere. Por un momento pensó que le daría un infarto, hay que mencionar que le tiene muchísimo miedo tan así es que, de niña se iba al cuarto de sus padres a arrimarse a la costilla de su mamá para que se sintiera segura y protegida. Luego de haber estado un minuto en el suelo, se anima a levantarse y escribir lo que necesitaba expresar en la hoja de papel.

Agatha decidió concentrarse en una sola persona, bloqueó a todo su alrededor y empezó poco a poco a imaginar el rostro de aquella persona que tanto le importaba, aquella que causaba ese vacío dentro de su ser.


Su corazón se aceleraba, cada vez que podía sentirlo, sentía un escalofrió, podía sentir en su piel la sensación de un abrazo tan puro y cálido que una vez su chico y ella se dieron, básicamente se sentía como si él no quería soltarla nunca jamás. A medida que iba sintiendo su dulce corazón, empezaba a escribir todo aquello que él deseaba y que no podía decir por miedo a sentir. Estas fueron las siguientes palabras… “Algo en mi volvió a revivir. Sus sentimientos son puros no hay dolor, hay emoción. No puedo creer esto que siento es como si fuera totalmente difícil de creerlo. Estas allí, es una pared como si no quisiera ver”.

Una vez dado por terminado su corto y exacto presagio, bajo el bolígrafo, lo colocó sobre la mesa y decidió ver y releer varias veces lo que estaba escrito.


A partir de ese momento Agatha se dio cuenta que en realidad nada estaba perdido, aún había esperanzas en él, sólo que debía dejar que el tiempo hiciera lo suyo. Estaba claro que ella jamás podría lastimarlo, es la única persona que la hace sentir segura y protegida, y aunque él sienta, piense o diga que todos sus actos hacia ella es para protegerla, sabe que en el fondo está equivocado porque lo que más la protege a ella en la vida, es lo que más la lastima al alejarla de él mismo.


Y para terminar esta historia que parece no tener ningún fin; aquella chica que veía su mundo blanco, negro y gris, decidió dejarlo en manos del tiempo, en manos del gran Supremo. Su valentía por seguir firme a pesar de todas las circunstancias que la mareaban, la hacían ser la Agatha fuerte y por ende, la más sincera y fiel que puedas suponer.


 
 
 

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